Reflexión contemporánea inspirada en el espíritu de Don Quijote de la Mancha

El ser humano suele esclavizarse al lujo y a las vanidades, persiguiendo la riqueza como si en ella encontrara la felicidad. Sin embargo, cuanto más posee, mayor es el temor a perderlo, y en esa inquietud se le escapa lo esencial.

La verdadera dicha no habita en el oro ni en la opulencia, sino en la sencillez: en la brisa que acaricia el rostro, en la risa franca de un amigo, en el pan compartido con gratitud. 

Buscar fuera lo que solo puede encontrarse en el interior es una trampa frecuente en nuestra forma de medir el éxito.

En un mundo profesional que valora el crecimiento constante, quizá convenga preguntarnos no solo cuánto acumulamos, sino qué tipo de vida estamos construyendo. 

La vida sencilla —también en lo laboral— puede ser el mayor de los tesoros.

 En tu experiencia profesional, ¿cómo defines hoy el éxito: por lo que tienes o por cómo vives?

Psic.Martín Salaiza C.

Director 

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