Ser una persona comprometida no debería implicar olvidarte de ti.
En muchos profesionales, la entrega constante termina convirtiéndose en autoabandono.
En el ámbito profesional hablamos constantemente de liderazgo, responsabilidad y resultados.
Pero poco se reflexiona sobre algo esencial: la relación que tienes contigo.
¿Te colocas con frecuencia en último lugar?
¿Priorizas a tu pareja, colegas o equipo antes que a ti mismo?
Cuando siempre das a los demás y no te das a ti, no es solo compromiso. Muchas veces es una señal de desgaste emocional, baja autoestima o falta de límites.
Algunas relaciones —incluso en personas altamente capacitadas— se construyen desde la necesidad, el miedo a la soledad o el deseo de pertenecer. Desde ahí, el vínculo deja de ser sano y se sostiene más por apego que por bienestar.
El equilibrio personal y profesional comienza en un punto claro:
primero te eliges, te cuidas y te valoras; después puedes vincularte de forma sana con los demás.
Si el sufrimiento se repite, no es debilidad. Es una señal que merece ser atendida.
Inicia un proceso terapéutico psicológico y trabaja la relación más importante: la que tienes contigo.
Psic. Martín Salaiza C.
Director