Hace unos días, después de impartir un curso de Gestión Efectiva de la Supervisión, un participante se acercó y me dijo:
«Martín, cada vez es más difícil motivar al personal.»

Le respondí con una pregunta:
«¿Hace cuánto tiempo invierten en desarrollar a su gente?»
Hubo un silencio.

Y es que muchas veces buscamos mejorar el compromiso, la productividad y la retención del talento, pero olvidamos una necesidad muy humana: sentir que estamos creciendo.

Hoy las personas no solo trabajan por un salario. También quieren aprender, aportar más y prepararse para nuevos retos.

Cuando un colaborador deja de desarrollarse, algo cambia. Sigue asistiendo, sigue cumpliendo, pero poco a poco pierde entusiasmo.

No es casualidad que Gallup estime que la falta de compromiso de los colaboradores representó una pérdida de 438 mil millones de dólares en productividad a nivel mundial.

Por eso, la capacitación no es un gasto. Es una forma de decirle a las personas: «Creemos en ti y apostamos por tu futuro.»

Porque el talento no siempre se va cuando presenta su renuncia.
A veces comienza a irse cuando deja de crecer.

La pregunta no es cuánto cuesta capacitar a su personal; la pregunta es cuánto le está costando no hacerlo.

Psic.Martín Salaiza C.
 

Fuente: Gallup, State of the Global Workplace 2025.

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